En la orilla común a todos los fogones se van detejiendo las historias que se conjugan en pasado, pero que se siguen sosteniendo en el presente como si fuesen verdades, como si fuesen parte del mítico paisaje que las vio parir. Y es que esas historias efectivamente son paisaje.
Apariciones, suicidos, misterios, son temas recurrentes a la hora de desenvainar "la mejor historia", la anécdota que "parece que fue ayer" y que seguro el relator vivió de cerca: "Mirá que me lo contó él que estuvo ahí", "te lo juro, mi padre estaba presente", sin pedirlo por el receptor, los relatores le quieren dar a cada historia el peso de la verdad. Tal vez porque todavía no descubrieron que es mejor un relato lleno de magia, perdido en el tiempo, anónimo, para que realmente perdure. Hay algo de primer mito esta noche.
Los relatos, como algunos rostros, se van repitiendo en los diferentes pueblos. La misma aparición puede haber sucedido en varios lugares, y todas quieren tener la "localía" o el juramento que dice que fue allí y no en otro: "te lo juro por lo que más quiero".
El hombre ante el fuego se vuelve primitivo, lo rodea como si estuviese en una cueva solitario, con las llamas como única compañía. Sabrá que será en una cueva la primera biblioteca? o al menos el mito? Las sombras se mezclan con la noche. Las sombras provocan los ruidos. Los ruidos el miedo.
En esta situación no será el primer vino el que se descorche, ni el útlimo. No será el silencio el protagonista. Los hombres van preparando la palabra, le van afinando los tonos para que la historia afine con la situación.
Recuerdo que pasé así la noche entera. Hasta me animé a contar cuentos que apenas conocía de mi tierra natal. Todos escuchamos a todos. Todos juramos sobre los ancestros imaginarios la veracidad de lo narrado. Nadie lo corroborará.
La noche nos fue dejando. El fuego también vistió su despedida cuando el sol asomó al horizonte. Alguien tapó las botellas de vino barato como queriendo guardar lo narrado.
Caminé solo. Pocas veces vi un amanecer con tanto verso tinto en la sangre.
No decidí escribir nada. Encerrada en la botella, con un corcho sucio, tenía toda la noche, sus secretos y misterios... El ejercicio de la escritura sería en vano si quisiese contar lo que viví.

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